La medicina moderna: Una nueva perspectiva sobre la sanación interna.

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La medicina moderna se basa en la noción de batalla. Luchamos contra gérmenes y peleamos por la vida. Tan pronto como sentimos dolor o malestar, tratamos de detenerlo y buscamos alguna manera de aliviar lo que estamos experimentando.

Sentimos en la obligación de cambiar nuestra enfermedad o problema, superándolos con nuestra experiencia. Este enfoque da lugar a una lucha interminable contra todo lo que nos afecta. Después de vencer una enfermedad o problema, surge otro. Vivimos en un estado de constante inseguridad, donde hay poco espacio para la tranquilidad mental.

La sanación desde lo interior: Un nuevo enfoque

La sanación desde el interior trae consigo una paz interna. Surge de una orientación diferente hacia todas las experiencias de la vida. Se nos enseña a detenernos, prestar atención y respetar todo lo que se nos presenta. Es como si re-enfocáramos una cámara, recibiendo nuestra experiencia a través de un lente diferente. Generalmente, existe una profunda sensación de que el dolor es malo y debe ser eliminado a toda costa. Sin embargo, el dolor no es malo. Surge de un desequilibrio y contiene mucha información. Trae consigo varios mensajes. Cuando vemos nuestro dolor como un mensajero y aprendemos a respetarlo y escucharlo, la sanación comienza de diversas maneras.

Cambiando la perspectiva del dolor

El primer paso para sanar desde adentro es aprender a ver el dolor como un aliado y a «dialogar» con él. Para muchos de nosotros, esto parece casi impensable. Requiere un cambio total de perspectiva. En lugar de tensarnos y prepararnos para la batalla, aprendemos a hacer una pausa y entender que hay una lección que debemos aprender. Al hacerlo, encontramos que el dolor o problema a menudo trae consigo un regalo. La enfermedad a menudo aparece cuando nos sentimos derrotados. Puede que ya no deseemos luchar. Algunas personas enferman cuando están excesivamente agotadas; la enfermedad es la única forma en que pueden darse permiso para detenerse, descansar y realizar cambios necesarios en sus vidas. Cada enfermedad tiene su propia historia, lo mismo ocurre con los problemas psicológicos o personales que crecen y demandan nuestra atención.

Escuchando y haciendo las pases con el dolor

Cuando alguien está en dolor físico y de repente entiende qué lo atormenta, el dolor físico a menudo disminuye. Para que se produzca una sanación completa, puede ser esencial realizar cambios en la vida de uno. El cáncer puede ser suprimido durante muchos años, y luego reaparecer. Cuando eso sucede, debemos preguntarnos: «¿Por qué no? ¿Qué está pasando en mi vida en su totalidad?»

Todos somos expertos en barrer las cosas debajo de la alfombra. Luego, la alfombra comienza a enrollarse en las esquinas y sentimos que estamos perdiendo el control. Durante la enfermedad, el cuerpo se rebela. Está exigiendo que prestemos atención a todo lo que ha sido ignorado. Puede que nos hayamos estado exigiendo demasiado tiempo. Ahora, nuestro cuerpo está cansado. «Detente y escúchame», suplica. Cuando aprendemos a escuchar y a responder, comienza una vida completamente nueva. Entonces, el dolor y la enfermedad se convierten en una oportunidad para un cambio vital.

Ejercicio de reflexión

Mira tu enfermedad o problema ahora. Imagina que lo visualizas y dale alguna forma. ¿Cómo se ve para ti? Descríbelo o dibújalo. Ahora, observa más profundamente lo que realmente significa esta imagen. ¿Qué te está diciendo sobre ti mismo y la vida que llevas? Escucha con atención.

Luego, pregúntale a la imagen cualquier duda que tengas y deja que te responda. (Pregunta qué quiere de ti y qué necesitaría para desaparecer). Ve si puedes darle lo que necesita. Esta actitud se llama hacer las paces con el dolor. Cuando hacemos esto, la enfermedad deja de ser algo ajeno y aterrador, y nos volvemos más capaces de entender cuáles son las verdaderas causas.

Cambiando las actitudes para la sanación

Por ejemplo, si estamos tristes durante demasiado tiempo y no hemos llorado lo suficiente, nuestros cuerpos pueden comenzar a llorar por nosotros a través de la enfermedad que estamos experimentando. Si sentimos que la vida no tiene sentido, nuestros cuerpos pueden empezar a expresar esto encogiéndose y muriendo.

Si hemos aferrado actitudes difíciles, nuestros cuerpos cargarán con el peso de ellas. Las actitudes negativas persistentes se convierten en heridas en nuestro ser.

Nuestras actitudes son mensajes que damos a nuestro cuerpo. Aunque no lo seamos conscientes, si sentimos que la vida es una batalla sucia, estamos diciéndole a nuestro cuerpo que se tense con vergüenza todo el día.

Una vez que comenzamos el trabajo crucial de asumir la responsabilidad y cambiar nuestras actitudes, nuestro cuerpo entero puede empezar a experimentar un bienestar continuo en lugar de malestar.

Debemos examinar las actitudes básicas que llevamos y preguntarnos si son propicias para nuestra salud o si contienen las semillas del dolor.

Para sanar desde adentro, es esencial manejar estos patrones arraigados, verlos y transformarlos en actitudes y patrones que promuevan el bienestar. La salud llega al aprender a decir «sí» a toda nuestra experiencia, estando dispuestos a experimentarla tal como es. El bienestar surge del equilibrio y la armonía de todas las partes de nosotros mismos. Cuando estamos bien, nos sentimos completos, aceptando y en armonía con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. Como un arroyo de agua fresca fluyendo, este estado de ser trae renovación y sanación continua día tras día.


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