La Importancia de los Saludos: Buenas Costumbres y Cortesía

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Los saludos son la piedra angular de la buena crianza y la cortesía. Según las circunstancias, deben ser respetuosos, cordiales, afectuosos o familiares, ya sea a través de una inclinación de cabeza, un gesto con la mano o quitarse el sombrero.

El saludo, como dice un escritor francés, es la piedra de toque de la buena crianza. Según las circunstancias, debe ser respetuoso, cordial, cortés, afectuoso o familiar: una inclinación de la cabeza, un gesto con la mano, tocarse o quitarse el sombrero.

Reglas de Etiqueta

Si te quitas el sombrero, no es necesario inclinar la columna vertebral, a menos que desees ser muy reverencial, como al saludar a un obispo. Si alguien de rango inferior se quita el sombrero ante ti, debes hacer lo mismo a cambio. Una reverencia, según La Fontaine, es una nota a la vista. Si la reconoces, debes pagarla en su totalidad.

Consejos Prácticos

Si tienes algo que decirle a alguien en la calle, por muy íntimo que seas, no lo detengas, sino camina junto a él; puedes despedirte al final de la calle. Si hay alguien conocido con quien tengas una diferencia, no evites mirarlo, a menos que la disputa sea necesariamente de por vida. Es mejor saludar con frialdad, aunque sin hablar.

El buen sentido y la conveniencia son los fundamentos de la buena crianza. Es razonable y agradable disfrutar de una gratificación pasajera cuando no hay que temer un mal posterior, en lugar de sentirse incómodo por un orgullo infundado. Por lo tanto, es mejor mantener una conversación fácil y cortés.


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